Un periodista de ESPN en primera línea: los 8 rounds contra Irma

Después de su paso por Cuba y luego de haber dejado su rastro de destrucción por varias islas del Caribe, el huracán Irma avanza imparable por Florida, en Estados Unidos. Getty Images

Bernardo Pilatti, analista de Boxeo de ESPN Digital, reside al sur de Miami y aquí nos ofrece los ocho asaltos de su batalla, antes, durante y el posible después al paso de Irma.

Luego de tantas columnas de boxeo, escritas durante tantos años, no entiendo otro lenguaje que el del pugilismo para describir las sensaciones que provoca esperar a un huracán con la magnitud de Irma, en primera línea, en el mismo sur del condado Miami Dade.

Soy uno de los 650 mil residentes que debieron evacuar en la segunda tanda y mi hogar se encuentra en el límite mismo entre dos de esos colores con los cuales la ciudad divide las zonas de riesgo. El mensaje a mis vecinos y a mí fue muy claro: “Ustedes esperan a un enemigo que no podrán vencer”, "¡Evacuen, váyanse ahora!”. Es la exhortación basada en todas las previsiones catastróficas.

Y con mis vecinos, empecé esa batalla que no sabemos si la vamos a vencer o si la perderemos por puntos o Irma nos noquea después de darnos la paliza.

PRIMER ROUND

El primer asalto, es el campamento previo a la batalla. Cuando uno decide vivir en Miami, sabe a ciencia cierta que se afincó en la ruta de huracanes, la misma ruta que alguna vez en el tiempo reciente recorrieron Vilma y Katrina o hace 25 años lo hizo Andrews destruyendo todo a su paso. Saber que existe un enemigo, conocer sus fortalezas y entender como ataca, es la primera premisa para derrotarlo.

SEGUNDO ROUND

La previsión es la primera medida y en ese aspecto hay que tener fuerza de voluntad y disciplina. Algo propio de los campeones. La mayoría de los que permanecemos y confiamos en la seguridad de nuestras casas, sabemos el grado y el límite de seguridad que nos proporciona nuestro hogar.

Conocemos el grosor de sus paredes, interpretamos los códigos de la ciudad y como esos códigos garantizan que nuestros techos están preparados para resistir ráfagas de 300 kilómetros o más inclusive. Pagamos nuestros seguros y leemos con cuidado los límites de su cobertura sin importar que hayan pasado diez años sin ningún ciclón importante por estas tierras. No importa que nuestro peso sea inferior al de “Chocolatito" González, nos preparamos para enfrentar a “Canelo" Álvarez, Gennady Golovkin o de ser necesario al mismísimo Anthony Joshua.

TERCER ROUND

Ya sabemos quién es el enemigo y tenemos certeza de su peligrosidad. En este round debemos decidir qué hacemos. Si apelamos a las primeras recomendaciones no lo enfrentamos y le dejamos el camino libre. Si recurrimos a la costumbre arraigada en el boxeo actual, lo evitamos y esperamos que llegue un “cicloncito de tres por cuatro”, que no pase de categoría 1 para enfrentarlos a pecho descubierto. En el caso extremo, decidimos enfrentarlo porque nos sentimos fuertes y con coraje para enfrentarlo. O sea, en este asalto debemos decidir que hacemos ante el tamaño de la criatura.

CUARTO ROUND

Quedarse o irse es una decisión de alta responsabilidad, especialmente para aquellos que tienen bajo esa responsabilidad a niños o personas mayores. De esa decisión dependerá el destino de la batalla, porque hay factores a favor y en contra en cualquier decisión. En el caso de Irma es de alto contenido emocional el esperar una tormenta tan grande, en medio de incertidumbre y viendo el temor reflejado en el rostro de los niños. Se justifica el evacuar e irse para poner a salvo la familia. Pero Irma, rompe muchos rubros, no es el clásico huracán que se le vence evitándolo. Parece una utopía intentar evitarlo, es más grande que el estado de Texas y seguro allí donde vayamos nos alcanzará. Tampoco existe alta seguridad manejando por rutas colapsadas y sin posibilidad de reponer combustible. Quedarse, tampoco es una buena opción, pero llegado el caso puede ser una “mejor elección”. Especialmente cuando todavía hay dudas sobre el verdadero trayecto del “ojo” del huracán. Mis vecinos y yo, hicimos la elección. Nos quedamos.

QUINTO ROUND

Esperar un huracán es difícil, es un desafío al equilibrio emocional y el pánico nos puede atacar sin que lo sepamos. Aquella vieja definición “la procesión va por dentro” cuadra perfectamente en ese estado emocional. Vencer el miedo, es empezar a vencer la batalla del ¿hice bien o hice mal en quedarme? Lo que aprendí en otros huracanes y con otros vecinos, es que en estos casos rige otra frase propia de esta zona: “no te preocupes, ocúpate”. Y en eso hemos cumplido.

SEXTO ROUND

Ocuparse significa crear un plan de ataque, o mejor dicho, una estrategia de resistencia. Limpiar el patio, guardar los automóviles, tener a buen recaudo la información necesaria, los documentos, como es el caso de las pólizas de seguro, pasaporte, etc. y aquello que consideremos de valor, sea material o sentimental que pueda caber en una maleta. Velas, baterías, linternas, comestibles, agua y mucha calma.

SÉPTIMO ROUND

Durante el huracán se libra la peor parte de la batalla. Cuando el enemigo te golpea sin misericordia. Combinaciones de puros golpes de poder. Por arriba el viento huracanado, por el costado la lluvia que golpea sin cesar en remolinos y por debajo, el agua que puede subir. Mucho o poco, según el lugar. No hay forma en este asalto de responder, es solo bloquear los golpes con mucha calma, los ojos y los oídos atentos a resolver los problemas. Que entró agua por debajo de una puerta, que hubo un estallido de algo que se estrelló sobre una contra ventana o el ruido ensordecedor del viento nos mueve la calma a punto de llevarnos al estallido de pavor. Soportar ese embate y mantener el equilibrio emocional, es la verdadera batalla.

OCTAVO ROUND

El recuento de los daños es el final. Un final que puede durar mucho o poco, pero que siempre establece los códigos de la victoria. Y es en ese momento que se gana la batalla, nunca antes ni durante. En la capacidad de reiniciar la vida y poner de pie todo lo que se vino a tierra. Esta región de los Estados Unidos tiene experiencia y es la mejor preparada del planeta. Aun cuando Vilma no había asomado, ya las filas de camiones de la compañía de energía eléctrica esperan que pase todo, para empezar a reparar todo. En los hospitales hay personal de guardia permanente, los bomberos tienen planes apropiados, hay personal disponible en los cientos de teléfonos diseminados pero organizados en toda la estructura que enfrenta al fenómeno y las cuadrillas que luego pondrán de pie los miles de árboles que caigan a tierra estarán listas para iniciar su tarea.

Así se ganan aquí las guerras contra los huracanes, a pura entereza, valentía y con ese corazón que tienen los guerreros que pierden al comienzo, pero vencen al final, en el mero último asalto. El sur de la Florida se ha levantado de todas las guerras contra la furia de la naturaleza. Y esta será una más. Homenajear ese esfuerzo de tanta gente anónima, quizás, sea lo que estamos haciendo con estos vecinos, aquí en la primera línea. Esperando de frente a Irma, con la guardia arriba y un plan que nos permita ganarle, aunque ella nunca se entere.