Héctor Moreno, el cazador de fantasmas

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El Tri le sacó el empate a Portugal en el último minuto (1:06)

Héctor Moreno fue el encargado de emparejar el marcador al 90'+1' para darle un punto a México en su primer compromiso en la Copa Confederaciones. (1:06)

LOS ÁNGELES -- Alguien no hizo la tarea en Portugal. Alguien desdeñó a uno de los mejores cabeceadores en el futbol holandés. Alguien menospreció a Héctor Moreno y sus siete goles...

El gesto de desaprobación de Cristiano Ronaldo estaba en conflicto con su admiración. Pensaba él que los milagros en esos tiempos fantasmagóricos de reposición pertenecían a Sergio Ramos. O a Piqué. O a Rafa Márquez. Eso creía...

Hasta que este domingo Héctor Moreno, hoy el trillizo de La Loba, el nuevo hermano de Rómulo y Remo en la Roma, se propulsó en el área, en el impulso desplazó y aventajó a Fonte, y remató a la izquierda de Patricio. 2-2

Después de los 90 minutos, en cualquier cancha aparecen los espectros de las hazañas. Y Moreno consumó la suya. Cuando la hemorragia de segundos consumía el minuto 91.

Y México sigue con vida. Y vida propia. No empeñada, ni condicionada, ni alquilada. El futuro está en sus manos. Ante Nueva Zelanda primero y ante Rusia después.

Meritorio empatarle al Campeón de Europa, con méritos de Guillermo Ochoa, de un obrero como Jonathan dos Santos, y de un portento como Carlos Vela, más allá de que la turbina portuguesa, Cristiano Ronaldo, decidiera jugar, por grandes lapsos, en modo avión, pero de teléfono celular.

México tuvo la concesión de pelota y cancha en el primer tiempo. El fundamento de la supervivencia es la potestad sobre el balón. Y el Tri supo ejercerlo, con la displicencia táctica lusitana.

Cierto: cuando Portugal quiso, llegó a ejercer el control, especialmente en el segundo tiempo, y consigue el 2-1 en esos tiempos en los que los antecedentes del futbol mexicano construyen mentalmente imágenes psicológicas del desastre.

Pero, después del 86, México entendió aún que tenía la ecuación de la esperanza: resistencia, futbol y especialmente convicción.

Y entonces apareció Moreno, como aparecen los grandes líderes, y cuando deben hacerlo, justo cuando la desgracia parece cerrar el puño bajo esa ignominiosa frase que escolta al futbol mexicano: "jugaron como nunca (en la era Osorio), y perdieron como siempre...".

El trazo de Jonathan desde la esquina tiene el fervor venenoso de la comba. El efecto en la caída del balón encontró a Moreno. La forma en que tuerce el pescuezo apenas, para redireccionar un balón en el limbo hacia el rescate de México.

Y parece, en la justa desproporción de sus respectivas epopeyas, que México ha encontrado un caudillo audaz para esos tiempos lúgubres después de los minutos 90. Su propio Ramos. Su propio Piqué. Su propio Godín. Su nuevo Márquez...

La siguiente cita es con Nueva Zelanda, a la que Rusia, con todo y su pobre nivel le hizo 2-0, y a la que México ya en la repesca para el Mundial 2014 le aniquiló con un global de 9-3.

Sin esplendor aún, pero México sigue con vida, con el respeto del Campeón de Europa, y con el destino al alcance de las manos.